Una
invitación a reflexionar en torno a la chifladura en el empleo y al escaso
espíritu crítico que reina frente al orden establecido y a los modelos que se
imponen y ejercen su poder con la fuerza de la costumbre.
🙈🙉🙊💔
Una
invitación a reflexionar en torno a la chifladura en el empleo y al escaso
espíritu crítico que reina frente al orden establecido y a los modelos que se
imponen y ejercen su poder con la fuerza de la costumbre.
🙈🙉🙊💔
🙉
Los patos vuelan, si uno pudiera ver sus caras de frente de seguro sentiría el mismo miedo.
El pasto se mueve a penas por el viento.
Una hermosa lluvia de fuego se reflejan en los ojos de
Doris, mira maravillada el espectáculo, desde la asiento de cuero rojo de su
auto clásico super esport.
La canasta con los preparativos para la cena se encontraba a la vera del ruta, de tal manera que su peso permitía que el mantel no se vuele con el pasar de autos y camiones.
Todo pareciera estar preparado, en la guantera la linterna y una lista de escritos de lo más variado, desde recetitas para hacer budines de manzana a listas de pasos a realizar previos al fin del mundo. Doris y su compañero, habían vivido tiempos de epidemias intermitentes y creían sentirse preparados para el apocalipsis.
Su fe para salir ilesos de de cualquier experiencia limite y desagradable se asemejaba a un bíceps hinchado de anabólicos del mejor fisicoculturista internacional.
El compañero de Doris vuelve a cargar la escopeta y ella le dice que es suficiente, que seguramente los disparos asustan a los transeúntes y por eso nadie había pasado.
Su compañero no la oía, el saltaba de una lado a otro, con la escopeta en la mano y disparaba de vez en vez como casando moscas, de esa forma se había comportado todo el día.
Doris se sentía abandona, pero su mayor mordedura de lengua, era la canasta sobre el mantel, al no pasar autos, se había convertido en un mecanismo de prevención inútil y eso la irritaba. Sentía que supo hacer algo valioso con la angustia que podría suscitarse si perdía el mantel de su madre. Desde que falleció que lo lleva con ella, inclusive para hacer las compras de víveres y remedios para el dolor de huesos.
Doris no padecía ni el más mínimo dolor de huesos, pero los compraba igual, sentía que en cada compra volvía a abrazarla. Su madre los consumía de amontones, algunos creen que eso fue lo que le quito la vida, otros dicen que salía de la farmacia corriendo a picar el medicamento con un cuchillo y aspirarlo como si fuera cocaína pero como siempre sucede, eran fabulas inventadas por las personas que no usa cinturón de seguridad.
Su compañero, saltando los pastizales le grita a Doris que entre al auto y guarda la escopeta en el maletero y lo cierra apurado, de la misma forma se sube al auto, lo pone en marcha y acelera a toda velocidad. Como en una película se reflejaba el calor sobre el asfalto y a lo lejos el auto empezaba a desaparecer de los ojos de Doris. No había subido tan rápido como su compañero, cuando se dio vuelta, era demasiado tarde… Había ido en busca del mantel.
Pensó que se prenderían las luces traseras que indican que el conductor oprimió el freno, pero no sucedió.
La vida humana es insegura e incierta y esta inseguridad se debe al intento de seguridad
pero la salvación y la cordura es reconocer que no tenemos modo de salvarnos.
La cara tremendamente ensangrentada, lloraba lágrimas de dientes de león, pero a pesar de la capacidad de corte, las lágrimas no eran la causa del dolor. La sensación era la de cruzarse en New York con un cartel luminoso, sucio y enceguecedor cuando hay que protegerse de una bala.
¡Contra la nariz!
¡Levanta las manos, mocoso!
¿Qué es la calle?
Ahora una montaña de llanto, de dientes de león.
Ahora mucha escoba y lavandina.
Con el tiempo se intuye un gran salto, una superación olímpica.
Una sola olimpiada vale la pena y es la olimpiada de extrañar. Solo al cortar la tira de llegada, se empieza a correr de verdad.
Terriblemente transpirado y agotado, corriendo y corriendo triste pero verdaderamente superado.
Carnívoro.
Bebé de huesos.
Chorrean de sus codos babas siniestras.
Complejo cautiverio en la mesa.
Los comensales acomodan los restos, de lo que una vez fue coraje, valentía y valor.
No hay espejos, ni lámparas. El sonido de masticar ensordece, hasta violar las leyes de la biofísica.
Quien pudiera sobrevivir ante semejante cacería.
Ahora ambos están deglutidos por las personas vestidas de verde militar.
Ahora…
En el futuro resucitarán dentro del estómago del mayor genocida y desde el interior comenzará la venganza y en el futuro más lejano el perdón.
El lunes serré feliz, porque comienza la semana. Pero debo esperar, esperar que sea lunes. ¿Cómo se espera la felicidad? Todavía me falta un domingo tirado en la cama, un almuerzo de mala gana y una cena sin cubiertos. ¿Cómo se duerme antes de recibir la felicidad?. La ansiedad es más que una gota de lluvia cayendo a tres mil kilómetros por hora. La felicidad solo se debe esperar, quizás se retrase y el martes me sorprenda o el jueves me haga la cama para dormir en paz...
Llora la calesita
De la esquinita sombríaLa Calesita
Esta Canción que rueda
Esta Canción que rueda![]() |
| Añadir leyenda |
![]() |
| Añadir leyenda |
![]() |
| Añadir leyenda |